Engañado creía que era el primer beso de amor. Ilusionado por las circunstancias y la música de Ismael Serrano me convencí de que nunca antes había besado a alguien así. Pequeño cosquilleo (es clave lo de pequeño), complicidad, inteligencia, sensibilidad y sobre todo, cordura. Todo eso de su parte. El invierno, los abrazos, las noches de chateo, el mar, los libros en común, ayudaron a convencerme: es el primer beso de amor. Despertar abrupto cuando el fín se hizo inminente.
Desconocidos, eramos eso, dos desconocidos que apenas recordaban que se habían prometido cosas. Caminé por el puente romano, por el jardín de Calisto y Melibea (quizás ahí podría encontrarte), era importante, tenía que decirte algo importante, debías saber que cuando te besé no era el primer beso de amor. Era el segundo, el primero aún no lo he dado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario